«8.38», de Luis Rodríguez

6.16
Tenía ganas de comprobarlo en directo. Han dicho de él: «el escritor más joven de España tiene 60 años». Si no es cierto, me corto una pierna. Luis Rodríguez tiene una energía arrolladora, es un animal literario que dispara historias, anécdotas y citas como una ametralladora. Es pura pasión literaria.

6.24
«Mi novela es la novela sobre alguien incapaz de escribir una novela. Pero no querría ser leído como metaliteratura. Querría que el lector leyese este libro como la historia de un guardia civil que persigue sin rencor a dos maquis. Y que el lector lo hiciese muy despacio».

6.45
Rodríguez es mucho más joven de lo que le recordaba cuando lo conocí el verano pasado en el palacio de los Belsa, en Fuentespalda. Pero en aquel momento apenas pudimos charlar mientras un grupo de buenos amigos candayanos paseábamos por los salones de esa bella casona del Matarraña. Hoy en la librería Documenta tengo más elementos de juicio para describirlo. Descubro al auténtico Luis Rodríguez (¿era aquel otro Luis Rodríguez el mismo?), un tipo que asegura sin problemas que le saca partido a su ineptitud, que él no sabe describir porque es daltónico, que no esperemos retratos detallados de los personajes ni de los lugares. Que lo único que desea con sus novelas es que nos asomemos al abismo y nos tiremos…

7.09
Uno lo escucha hablar y se contagia de su pasión libresca. Luis dice que es tanto lo que la literatura le ha dado a lo largo de su vida (de hecho, su vida no puede entenderse sin la literatura) que siente que ha de devolver algo a cambio. Y no ha dejado de hacerlo desde que, con 51 años, publicó su primera novela después de pasarse varios años escribiendo el mismo párrafo sin fin en máquinas de escribir alquiladas. Sí, decididamente Luis es un raro. Razón de más para que me guste.

7.18
Walser, Sebald, Vila Matas, Miguel de Cervantes (sobre todo, su Segunda Parte de El Quijote). Algunos de sus reverenciados maestros.
El pan con chocolate y la literatura en vena. Sus drogas legales confesables.

8.38
A esa hora murió Dostoievsky y quedó detenido el reloj de su casa de San Petersburgo. Algunos han llegado a asegurar que en ese justo momento falleció la literatura. Afortunadamente, hay escritores como Luis Rodríguez empecinados en demostrar que eso no es cierto del todo aunque hoy visitas muchas librerías y la literatura a menudo ocupa el último estante a la derecha, detrás de una pila de best-sellers ilegibles.

Postd: Voy a leer «8.38» antes de que Luis secuestre la edición y obligue a OlgayPaco Candaya a publicar un nuevo borrador.

Barcelona, 6 de abril del 2019.

2 comentarios en “«8.38», de Luis Rodríguez

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