“Tener una vida”

Despertar con un único deseo: que el agujero que ha aparecido en una pared de tu casa sea lo suficientemente grande como para esconderte en él. Respirar con la certeza de que cada exhalación consume unos segundos de nuestra inestable vida. Caminar pese a que no tenemos ningún sitio a donde escapar. Esconder nuestro pasado en una maleta enterrada bajo la arena de la playa y descubrir un día cómo el mar acaba desenterrándolo y “ahora flotaba entre cenizas, plumas de pájaro, algas, madera herrumbrosa y orina”. Alimentar el día a día con recuerdos que no nos ayudan a “comprender ni conocer la realidad de las cosas” sino a “prolongar los misterios de la oscuridad o la luz”. Llenar torpemente con masilla el agujero que se traga nuestra vida, segundo a segundo, sabiendo que es un gesto tan inútil como intentar atrapar agua entre las manos sin que se escurra entre los dedos. Observar la vida con ojos de científico pretendiendo desentrañar misterios que escapan a cualquier lógica. Pensar que uno no soporta a los escritores, que no sabe “cómo se aguantan a sí mismos pensando que son más importantes de lo que verdaderamente son”. Descubrir, con un desconsuelo que se pega a nuestros huesos como el frío, lo poco que en realidad conocemos a la persona que amamos y “lo agonizante que es la pérdida”. Trabajar, no importa mucho en qué, para no acabar convertido en un fantasma. Esperar, como el hombre que se escondió en la selva durante décadas hasta que la guerra finalizara, y concluir que el mundo ha cambiado mucho pero que tú sigues siendo el mismo de siempre. Descansar, con “la sensación de que se dispone de todo el tiempo del mundo” para intentar arreglar la vida. Recordar compulsivamente, como si eso fuera garantía de que “podremos rescatar algo que nos impida desaparecer”. Viajar a través de libros, mapas y fotografías porque un amigo que fue a la India en busca de iluminación descubrió que tal vez lo que perseguía estaba en su propia casa. Temer mirar dentro de uno mismo porque “no estoy seguro de que exista bondad en mi interior”. Crecer dándose cuenta de que, en realidad, seguimos sin saber prácticamente nada. Fracasar es resignarse a “irnos de este mundo sin dejar huella de nuestro paso por él”. Salir del abismo y renacer con la luz interior como único guía. Tener una vida…

Gracias, Daniel Jándula, por hacerme pensar en todo ello.

“Tener una vida”, de Daniel Jándula
Ed. Candaya.

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